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Información para visitar Abu Simbel: ubicación, cómo llegar y explicación de los monumentos

Irse de Egipto sin visitar Abu Simbel sería una auténtica pena. Sobre todo para quienes realizan un crucero por el Nilo pues, aunque estos monumentos están en el extremo sur del país, no distan demasiado de la ciudad de Aswan, donde normalmente terminan casi todos los circuitos fluviales.

Y sería una pena porque se trata de una de las construcciones más espectaculares del país y una de las que mejor ejemplifica la magnificencia del Antiguo Egipto. Por ello, miles de personas llegan hasta aquí a diario para visitar Abu Simbel, dispuestos a descubrir en persona uno de los atractivos turísticos más fotografiados del país. Y en estas líneas te contamos todo lo que debes saber sobre ello, recordándote que Egipto Exclusivo puede organizar un viaje a tu medida a este fascinante lugar.

Abu Simbel Egipto

Situación geográfica y clima de Abu Simbel

Abu Simbel se encuentra en el extremo sur de Egipto, en la orilla occidental del Lago Nasser, a solo unos kilómetros de la frontera con Sudán. A su alrededor no hay ninguna ciudad digna de mención. Por tanto, visitar Abu Simbel conlleva la planificación de una excursión específica para ello, pues no está de camino a ningún otro destino visitable.

Estas es la distancia con respecto a otras ciudades, algo que debes tener en cuenta si tienes planeado visitar Abu Simbel:

Por lo que respecta a la situación meteorológica que te encontrarás al visitar Abu Simbel, debes tener en cuenta que te espera un clima desértico puro. En los meses cálidos de verano, las máximas superan fácilmente los 40ºC, mientras que en los meses de invierno las máximas no bajan de 23ºC. Por el contrario, cuando cae el sol las mínimas experimentan un gran descenso. Eso no significa que se produzcan heladas, ni mucho menos, pero la oscilación térmica supera en ocasiones los 15ºC entre el día y la noche: en verano, las mínimas rondan los 25ºC, mientras que en invierno se sitúan en torno a los 10ºC. Lo que sí se mantiene invariable durante todo el año son las precipitaciones: 0 mm. Ni una gota de agua.

Por todo ello, a la hora de visitar Abu Simbel te recomendamos que extremes la protección contra los principales riesgos de este clima: la deshidratación, la insolación y la radiación solar, que puede afectar a los ojos. Por ello, ten siempre a mano agua potable, usa crema protectora de poderoso factor solar, cúbrete la cabeza y usa gafas de sol.

Vista aérea Abu Simbel
Vista aérea Abu Simbel

Historia de Abu Simbel

Como comprobarás al visitar Abu Simbel, esta construcción ha quedado para siempre ligada a la figura de Ramsés II, uno de los faraones más poderosos y famosos del Antiguo Egipto. Lo erigió en pleno esplendor del Imperio Nuevo y de la dinastía ramésida (Dinastía XIX). Aunque está dedicado a varias divinidades (Ra-Horakhti, Amón y Ptah), el verdadero motivo de su construcción fue la exaltación de su poder frente a los enemigos del sur: los nubios. Cabe recordar que los faraones eran venerados como dioses y visitar Abu Simbel es la mejor manera de darse cuenta de ello.

Abu Simbel marcaba la frontera entre los nubios y el reino de los antiguos egipcios. Todo un ‘aviso a navegantes’ en forma de monumento, en el que las esculturas a tamaño colosal de Ramsés II y su esposa favorita, Nefertari, son sus elementos más destacados.

Se comenzó a construir en los primeros años de su reinado, uno de los más longevos de la historia del Antiguo Egipto, por cierto. Y se prolongó durante unas dos décadas, dadas las dimensiones de la empresa. El acontecimiento que verdaderamente motivó el proyecto fue la batalla de Qadesh (1274 a.C), una de las más importantes de aquella época y librada en Canaán (actual Siria). En ella, se enfrentaron las tropas del Imperio hitita y las del Imperio Nuevo egipcio, que movilizó los mayores recursos militares conocidos hasta la fecha. 

El resultado de aquella batalla aún hoy es objeto de discusión y, aunque Ramsés II se atribuyó la victoria con proyectos propagandísticos como Abu Simbel, lo cierto es que sería más propio hablar de empate. De hecho, lo verdaderamente relevante de aquel enfrentamiento es que no se resolvió hasta que tiempo después se firmaron las tablas en un tratado de paz, el primero documentado de la Historia, entre este faraón y el rey hitita Hattusili III.

Abu Simbel en tiempos modernos: redescubrimiento y traslado

Además del momento de la construcción, hay otros dos momentos que debemos conocer antes de visitar Abu Simbel: el redescubrimiento y su traslado. Y es que, con el paso de los sucesivos faraones, el mantenimiento de estos templos pasó a un segundo plano y, más tarde, cayó en el olvido, sin aparecer mencionado ni siquiera por griegos o romanos. Sobre estas construcciones comenzó a caer el inexorable paso del tiempo, en forma de arena depositada del desierto, hasta que quedaron prácticamente sepultados al cabo de los siglos.

Pero en plena fiebre egiptóloga del siglo XIX, fue redescubierto, casi de manera casual por parte del explorador suizo Lewis Burkhardt, quien en 1813 descubrió unas grandes cabezas y tocados que sobresalían de la tierra. Y se iniciaron los trabajos para desenterrar el monumento, aunque inicialmente con medios escasos. De hecho, lo máximo que pudo conseguir poco después el italiano Giovanni Belzoni, al servicio del cónsul británico, fue abrir una vía de entrada. 

En esa primera inspección se certificó que el interior de los templos ya no contenían las riquezas de antaño y con las que tanto soñaban los cazatesoros de la época. Durante todo el siglo XIX se prosiguió con la difícil tarea de excavar meticulosamente la zona para desenterrar al completo Abu Simbel. Y no se concluyó hasta 1909.

Sin embargo, pocos fueron los afortunados que pudieron visitar Abu Simbel en su ubicación original, a orillas del río Nilo. O mejor dicho: los afortunados lo pudieron hacer durante poco tiempo. En los años 50 del pasado siglo, sobre estos monumentos pesaba la mayor amenaza para su integridad: la construcción de la presa de Aswan, unos kilómetros aguas abajo del río Nilo, que provocaría la crecida de su caudal, formando el Lago Nasser y anegando los templos por completo.

Pero por suerte, se puso en marcha una gran campaña internacional para salvarlos de tal destino, auspiciada y coordinada por la Unesco. El proyecto consistía en la titánica tarea de construir dos montañas artificiales en una cota más alta, seccionar los monumentos originales en grandes bloques de piedra y reinstalarlos en su nueva ubicación. Se trató de uno de los mayores proyectos de conservación del patrimonio realizados hasta la fecha, que requirió de numerosos equipos de arqueólogos e ingenieros de diferentes países. Egipto, en señal de agradecimiento a los respectivos gobiernos, regaló algunos de los templos de la zona, que también fueron desmontados, numerados y trasladados a otros países. Para que puedas evocarlos al visitar Abu Simbel, o incluso anotarlos en tu lista de futuros viajes, son los siguientes:

  • Templo de Debod, Madrid (España)
  • Templo de Dendur, Nueva York (Estados Unidos)
  • Templo de Ellesiya, Turín (Italia)
  • Templo de Taffa, Leiden (Países Bajos)

Qué visitar en Abu Simbel

Puedes visitar Abu Simbel por tu cuenta o con un guía profesional. Pero en todos los casos, necesitarás organizar con antelación la excursión, dada su ubicación retirada. Y no te vendrá mal conocer de antemano qué elementos forman estos monumentos y qué espacios incluyen las visitas: dos grandes speos (templos excavados en la roca), dispuestos el uno junto al otro.

El Gran Templo de Abu Simbel o Templo de Ramsés II

Como su propio nombre indica, es el más grande de los dos templos y el gran protagonista es el faraón Ramsés II. Como decíamos más arriba, en realidad está dedicado a los dioses Ra-Horakhti, Amón y Ptah, que están entre las deidades creadoras y supremas de la compleja religión del Antiguo Egipto. Pero también el propio faraón aparece divinizado, tanto en el exterior como en el interior. 

En el exterior, Ramsés II es el personaje de las cuatro estatuas colosales sedentes, de unos 21 metros de altura, lo que las convierte en las más grandes que se conservan del Antiguo Egipto. Entre sus piernas, a menor tamaño pero más grandes que un cuerpo humano, se encuentran otros personajes de su familia, como su madre Tiyi, su esposa favorita Nefertari y algunos de sus muchos hijos. Y sobre la entrada, un gran relieve de Ra-Horakhti, dios del sol con cabeza de Halcón. 

El interior presenta una planta más sencilla que otros templos egipcios. Al inicio, está su gran sala hipóstila, en la que vuelve a aparecer el omnipresente Ramsés II, en este caso representado como Osiris en estatuas de 9 metros adosadas a pilares. Tras ella, otra sala más pequeña, donde también aparece su esposa Nefetari en barcas sagradas y junto a otras divinidades, para llegar al santuario interior, con estatuas sedentes de Ptah, Amón, Ra-Horakhti y, cómo no, Ramsés II.

Puede que esa simplicidad se deba a un pretendido y mágico efecto: un fenómeno solar que le daba mayor simbolismo. La orientación del templo era tan precisa que permitía que los rayos del sol penetrasen en la sala interior iluminando tres de las estatuas sedentes, a excepción de Ptah, divinidad ligada a menudo al inframundo y, por tanto, a las tinieblas. Presenciarlo con tus propios ojos al visitar Abu Simbel es difícil, pues solo ocurre dos días al año: originalmente, cada 21 de febrero y cada 21 de octubre, Estas fechas podrían corresponder a las de la coronación y el nacimiento del propio Ramsés, y ser un período equidistante al solsticio de invierno (61 días antes y 61 días después). Pero el desplazamiento del Trópico de Cáncer con el paso de los milenios y también la reubicación tras el traslado pudieron haber matizado la precisión de este fenómeno, que ahora ha variado un día.

Interior del Templo de Abu Simbel
Interior del Templo de Abu Simbel

Templo de Hathor o Nefertari

Ubicado junto al Templo de Ramsés II, no podrás pasarlo por alto al visitar Abu Simbel. Está dedicado a la diosa Hathor, asociada precisamente a las reinas del Antiguo Egipto, aunque recibe el nombre de la reina Nefertari porque ella sería la inspiradora última del monumento. Es bien sabido que era la esposa favorita de Ramsés y se considera que el Templo de Hathor sería una de esas muestras de amor y respeto. 

Ya desde la entrada se aprecia un hecho prácticamente insólito en aquel período del Antiguo Egipto: Nefertari aparece a igual tamaño que Ramsés II, en este caso de pie y de 10 metros de altura. Son seis estatuas colosales, de las que cuatro representan al faraón y dos, a la reina. 

En el interior, que es aún más sencillo que el Templo de Ramsés II, también se la representa en numerosas ocasiones al mismo tamaño que Ramsés II: en ellas, Nefertari aparece acompañada de Hathor y otras divinidades femeninas, como Nut. Por dentro, este segundo templo tiene una sala hipóstila, con columnas cuyos capiteles adoptan forma de Hathor con orejas de vaca. Además, cuenta con su propio santuario y otras estancias complementarias, como pequeños almacenes.

La gran mayoría de las personas deciden visitar Abu Simbel durante el día, en buena medida obligados por los horarios de los aviones y autobuses que les llevan y les traen de Aswan. Sin embargo, también es posible visitar Abu Simbel por la noche. Y de hecho, es incluso más recomendable: la experiencia es mágica, pues ambos templos reciben una iluminación especial y son objeto de un fantástico espectáculo de luz y color. Para hacerlo realidad, las dos opcioes posibles son alojarse en alguno de los pequeños hoteles del poblado de Abu Simbel o bien realizar un crucero privado por el Lago Nasser. 

El Templo de Hathor de la Reina Nefertari en Abu Simbel
El Templo de Hathor de la Reina Nefertari en Abu Simbel

Cómo llegar a Abu Simbel

Pese a ser una pequeñísima población y no tener ninguna gran ciudad a muchos kilómetros a la redonda, para visitar Abu Simbel podrás hacer uso del avión: este enclave arqueológico y monumental cuenta con un aeropuerto específicamente construido para recibir vuelos procedentes de otras ciudades de Egipto. Y, con ellos, permitir la llegada de miles de turistas interesados en descubrir esta joya del sur del país, que se cuentan por centenares de miles cada año.

Se trata de un aeropuerto pequeño con carácter regional, pues todos los vuelos que recibe son nacionales. Estas son las rutas aéreas operativas, de las que puedes tomar nota para que, dentro de tu circuito por el país, puedas acomodar tu excursión y visitar Abu Simbel:

  • El Cairo: la capital es el gran hub aéreo del país. Y desde aquí parten, prácticamente todos los días, vuelos con destino a este monumento
  • Aswan: esta ciudad del Alto Egipto no solo es una bella ciudad para conocer, sino también una habitual lanzadera para visitar Abu Simbel, sobre todo para quienes finalizan aquí su crucero por el Nilo

Una opción usada por algunos viajeros que están realizando un circuito más amplio por el país es la de llegar a Abu Simbel el barco, a través del Lago Nasser. Esto ha de hacerse, necesariamente, en crucero privado, puesto que no existe un servicio de líneas regulares entre su pequeño puerto y Aswan. El gran aliciente de este medio es, sin duda, poder contemplar desde otro punto de vista estos templos y otros situados en las orillas de este embalse. Y como este medio de transporte se toma más tiempo para realizar los trayectos, ‘obliga’ al visitante a permanecer en Abu Simbel por la noche, lo cual es también un espectáculo digno de ver como comentábamos más arriba.

En cambio, no es posible llegar directamente en barco desde la ciudad fronteriza de Wadi Haifa, en Sudán, puesto que las embarcaciones que zarpan de su puerto no hacen parada aquí y van directamente a Aswan. 

Otra opción para llegar hasta aquí y visitar Abu Simbel es un medio de transporte por carretera. Si bien se encuentra en un buen estado, el trayecto es más largo que en avión. En cualquier caso, el autobús resulta una opción habitual para grupos de turistas. Estas son algunas duraciones orientativas:

  • Desde Aswan: 3 horas y media (285 km)
  • Desde Luxor: 6 horas de trayecto (500 km)
  • Desde Marsa Alam: 8 horas de trayecto (650 km)

Cabe indicar que, para algunos viajeros, realizar este trayecto por carretera tiene un peculiar aliciente: la de intentar divisar un espejismo. De hecho, el Desierto Occidental de Egipto, y en particular este tramo entre Aswan y Abu Simbel, es propicio para la formación de esta ilusión óptica, originada por las capas de aire caliente que hacen creer al observador que a lo lejos hay una superficie de agua, como un oasis. 

Y si deseas contar con un vehículo privado con chófer para poder visitar Abu Simbel desde cualquier ciudade, Egipto Exclusivo se encargará de proporcionarte este servicio a medida: en el horario que desees, con vehículos confortables y dotados de aire acondicionado, entre otras comodidades.