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Religión egipcia: las claves para apreciarla mejor en tu viaje

La religión egipcia es uno de los elementos centrales de la cultura del Antiguo Egipto. Estaba muy presente en la vida cotidiana de sus gentes, desde los más humildes estratos hasta las más altas esferas, como demostraron todos y cada uno de los faraones. Por ello, cuando visites con nosotros los monumentos y yacimientos arqueológicos más importantes de aquella época, te verás envuelto en aquel universo de creencias tan diferente al actual. Ese es precisamente uno de sus atractivos principales, y para poder apreciarlo adecuadamente te contamos las claves que debes conocer de antemano.

Religión Egipcia

Principales características de la religión egipcia

Lo primero que conviene destacar es que, pese a que utilizamos de forma genérica el término de ‘religión egipcia’, no se puede decir que hubiera un único conjunto de creencias: no fue homogéneo ni entre las diferentes regiones ni a lo largo de todos los periodos históricos que conformaron los más de 3.000 años de civilización egipcia. Al contrario, había importantes variaciones entre sí, dando amplio margen para la veneración de divinidades locales.

Esto último nos apunta otra característica clave de la religión egipcia: su politeísmo. Si bien muchas de las religiones actuales son monoteístas, como la mayorirtaria y oficial del Egipto actual (Islam) o la minoritaria en el país (Cristianismo copto), en la antigua religión egipcia existía un panteón formado por numerosas divinidades. Cada una de ellas era protectora de diferentes elementos de la naturaleza o de la vida cotidiana. Alguno de estos dioses podía tener la categoría de dios supremo o incluso de dios creador, un rango que variaba según el periodo histórico o la región en cuestión.

Esta enorme variedad de divinidades entre épocas y regiones propició otra de las características de la religión egipcia: su sincretismo. Es decir, la asimilación de unas divinidades con otras, dando lugar en ocasiones a dioses nuevos que mezclaban atributos de unos y otros.

Muy llamativas son también las formas de representar a los dioses de la religión egipcia por parte de sus creyentes. Lo solían hacer con forma de animal, con forma de ser humano o una mezcla de ambos, por lo general cuerpo de hombre y cabeza de animal u otros rasgos específicos, como alas y cuernos. Y eso dio como resultado creaciones repletas de imaginación e impacto visual, que todavía hoy siguen conmoviendo a quienes las contemplan.

Pero la religión egipcia no era una mera fábrica de dioses de apariencias inverosímiles para causar impacto visual en sus fieles. Al contrario, su conjunto de dogmas era realmente complejo y sus divinidades eran el vehículo perfecto para explicar el origen del universo, para guiar la vida de los creyentes y para propiciar su vida eterna en el más allá.

Las cosmogonías sobre el origen del Universo

Como decíamos, uno de los grandes pilares de la religión egipcia fue la explicación del origen del universo (cosmogonía). En este aspecto tampoco hubo homogeneidad, pues se identifican al menos tres cosmogonías: las descubiertas en los santuarios de Heliópolis, Hermópolis y Menfis. No obstante, tenían varios aspectos en común: la creencia de que la vida surgió de las aguas del Caos (u Océano primordial), que la primera formación terrenal fue una colina primigenia y que en ese milagro participaron los dioses. Estas son, de forma resumida, las respectivas teorías:

  • Heliópolis: el dios del Sol Atum emergió de las aguas del Caos, creándose a sí mismo, y a los dioses Shu y Tefnut (Aire y Humedad). Éstos crearon a su vez a Geb (Tierra, dios masculino) y Nut (Cielo, diosa femenina). Y a partir de ellos se generaron Isis, Neftis, Osiris y Set. Este conjunto de nueve dioses primordiales recibe el nombre de Enéada (del griego antiguo, ennea o nueve)
  • Hermópolis: se basa en la existencia primordial de ocho dioses que formaban una entidad indisoluble y líquida. Eran cuatro parejas (Nun-Naunet, Heh-Heket, Kuk-Kauket y Nia-Niat) y tenían conceptos masculino-femenino. Por ello, su unión también expresaba la idea de comienzo, que se produjo tras un gran cataclismo desencadenado por el desequilibrio en dichas parejas. En dicho cataclismo, toda una suerte de Big Bang primitivo, se generó el dios de la sabiduría Tot y un montículo con un huevo cósmico, del que surgió el dios solar Ra. Este conjunto de ocho dioses también recibe el nombre de Ogdóada (del griego antiguo okto, que significa ocho)
  • Menfis: es la más sencilla de estas tres cosmogonías de la religión egipcia, pues atribuye la creación del universo a un solo dios, Ptah, quien transformó las aguas inertes del Caos en realidad, ideándolo con el pensamiento (corazón) y materializándolo con la palabra (lenguaje). Y a partir de esta divinidad se originaron las restantes: Atum, Nun, Nunet y todas las demás. Para algunos expertos, esta teoría menfita de la creación fue la que influyó en el relato bíblico del Génesis
Cosmogonías de Egipto

Las tríadas, otro concepto con sentido de Génesis

Con un sentido parecido al de las cosmogonías están las tríadas: son grupos de tres dioses, formados por un dios padre, una diosa madre y un hijo, de modo que ahonda en la idea de nacimiento y Génesis de la vida, tan recurrente en la religión egipcia. Una idea que, por cierto, podría haber influido en el concepto de Santísima Trinidad del Cristianismo, según algunos autores.

Tuvieron gran vigencia durante prácticamente toda la historia de esta civilización, y ello se incluye la época grecorromana, momento en el que se construyen mammisi (pequeños templos dedicados al nacimiento divino situados cerca o en la órbita de otros más grandes). Estas son las tríadas más importantes de la religión egipcia:

  • Tríada osiriaca (Osiris, Isis y Horus): el principal es Osiris, dios de la resurrección y de la fertilidad agrícola. Pero su hermana Isis y su hijo Horus también fueron muy importantes. La primera, por ser considerada a menudo diosa madre y protectora de los faraones. Y el segundo, porque con él se identificaban a menudo los faraones. Fue quizá la más difundida y la que más perduró en la religión egipcia
  • Tríada de Tebas (Amón-Ra, Mut y Jonsu): muy difundida a partir de que esta ciudad se convirtiera en capital, especialmente durante el Imperio Nuevo. El dios principal es Amón, fusionado con Ra. Se sacaban en procesión durante el ritual de Opet, en el templo de Karnak
  • Tríada de Menfis (Ptah, Sejmet y Nefertum): el más importante es Ptah, dios creador, mientras que Sejmet es la esposa y Nefertum el hijo. Se difundió sobre todo desde el Imperio Nuevo
  • Tríada de Elefantina (Jnum, Anuket y Satis -o Satet ): ampliamente difundida en la antigua Nubia, en el sur del país. El dios creador y, por tanto, principal sería Jnum
  • Tríada de Esna (Jnum, Anuket y Seshat): muy similar a la tríada anterior, aunque en este caso la hija es Seshat, diosa de los libros
Pinturas piramides

Los dioses de la religión egipcia

Si las cosmogonías explicaban, de una u otra manera, el origen del Universo, las divinidades surgidas de dicho origen guiaban y protegían las vidas de sus creyentes durante la existencia terrenal. Estaban muy presentes en el día a día de los antiguos egipcios por medio de rituales, ofrendas y otros actos de veneración. Y cada uno ocupaba un lugar específico en la maat u orden divino, con funciones concretas para el mantenimiento de la armonía general y con capacidad para influir en los eventos naturales y en las vidas humanas.

Es importante decir que los dioses que veremos a continuación no eran independientes, sino que interactuaban entre sí dando lugar a sucesos y leyendas para explicar sus roles y los fenómenos de la naturaleza. Todo ello dio lugar a la mitología de la religión egipcia, de gran riqueza, que se ha ido reconstruyendo gracias a los textos funerarios, a los himnos devocionales recitados por los fieles y a los escritos de griegos y romanos que entraron en contacto directo con la civilización egipcia.

Dios RA

Listado de los principales dioses

A continuación enumeramos por orden alfabético las principales divinidades de la religión egipcia. En cualquier caso, la lista completa del panteón de dioses es muy extensa, con un número que varía según las asimilaciones que se admitan. Por ejemplo, sólo en el Juicio de Osiris se pueden contabilizar más de 40 dioses participantes en él, que se trata de un mito clave de la religión egipcia y que explicamos al final de la página.

A menudo presentan diferentes interpretaciones según la región o el periodo histórico, o incluso asimilaciones como consecuencia del sincretismo antes mencionado. Por ello, también hacemos mención a las más importantes variaciones, dentro de cada caso. 

 

  • Amón: fue la deidad local de la ciudad de Tebas, sustituyendo a Montu. Su principal templo de culto era el de Karnak. Se le consideraba dios creador y celeste, y por ello a veces adoptaba esa coloración de piel. Se le solía representar con cuerpo de hombre, con tocado de dos largas plumas simétricas y una falda corta de la que cuelga una cola animal. También suele sostener un anj y un cetro uas.
    • Amón-Ra: tras el ascenso de Tebas al rango de capital durante el Imperio Medio, se convirtió en rey de dioses, especialmente tras su fusión con Ra, el dios del sol, alcanzado rango nacional y siendo protagonista de lo que en ocasiones parecía casi un monoteísmo en la religión egipcia, con el resto de dioses como una prolongación de él. Su carácter supremo hizo que los griegos lo identificaran con Zeus y los romanos, con Júpiter
  • Amonet: diosa del misterio que traía el viento del norte, símbolo de vida. Muy venerada Hermópolis, aunque también lo fue en Tebas. Al ser una divinidad muy ligada al Bajo Egipto, a menudo se la representa como mujer tocada con Corona Roja. En otras ocasiones presenta cabeza de rana, cabeza de serpiente o serpiente al completo, portando además el cetro uas y el anj. Su culto apareció principalmente desde el Imperio Nuevo
  • Anubis: era el dios guardián de los cementerios y las tumbas, y también el protector de los embalsamadores. Se le representaba con cabeza de chacal, que era un animal carroñero que amenazaba los lugares de enterramiento en busca de alimento
  • Anuket: esposa de Jnum en la tríada de Elefantina, es diosa del agua y de los placeres carnales. Muy venerada en la antigua Nubia y, de hecho, es también la protectora de la primera catarata, donde el Nilo dejaba de ser navegable, por lo que regulaba su nivel. Se la suele representar con cuerpo de mujer y gran corona de plumas, sosteniendo un anj y un cetro de papiro. Asociada a la gacela
  • Apis: uno de los diferentes dioses de la fertilidad en la religión egipcia, pero en este caso no de la tierra ni de los seres humanos, sino del ganado. De hecho, se le representa como toro sagrado u hombre con cabeza de toro, a menudo acompañado del disco solar. Era hijo de Isis, que lo concibió por medio de un rayo de sol. Uno de los lugares principales en los que se veneró fue la necrópolis de Saqqara, en Menfis
  • Atón: deidad solar que se representó con el disco solar, del que salían rayos en dirección de los creyentes, que los recibían con los brazos abiertos. Su culto creó un auténtico cisma en el Antiguo Egipto, conocido como la época de Amarna. En ese periodo, el rey Ajenatón (también llamado Akenatón, Amenhotep IV o Amenofis IV) lo promovió como dios creador y supremo, y a sí mismo como enviado y profeta en la tierra. Se le veneró principalmente en la ciudad de Ajetatón, construida por el mencionado faraón y situada en la actual región de Amarna
  • Atum: presente en las cosmogonías de Heliópolis (como dios creador) y Menfis (como dios surgido del corazón de Ptah), fue uno de los dioses solares de la religión egipcia. Se le solía representar con cuerpo humano, corona doble y barba. A veces presentaba cabeza de langosta o de carnero, y en otras ocasiones como un ave fénix.
    • Atum-Ra: por sus similitudes en el significado y en la iconografía, estas dos deidades llegaron a fusionarse. En otros casos, Atum era sólo la manifestación del atardecer del dios solar Ra
  • Bes: una de las divinidades de aspecto más grotesco en la religión egipcia, con apariencia enana y animalesca. Estuvo muy difundido durante el Imperio Nuevo. Era el protector de mujeres y niños, en especial del parto. Y se le asocia al amor y al placer sexual 
  • Geb: uno de los dioses creadores, según la cosmogonía heliopolitana. Era hijo de Shu y Tefnut y representaba a la Tierra, aunque luego legó su autoridad sobre ella a uno de sus hijos, Osiris. Entre sus funciones más específicas estaba la de guardar las puertas del Cielo (Duat), vigilar el pesaje del corazón del difunto durante el Juicio de Osiris y tener como prisioneros a los espíritus injustos de los difuntos. A veces se le representaba con cuerpo verde, y más comúnmente como hombre con un ganso en la cabeza, en ocasiones recostado en el suelo haciendo referencia a sí mismo como Tierra personificación de la Tierra
  • Hapi: dios de la crecida del Nilo y, por ello, asociado también a la fecundidad. Vivía junto a un harén de diosas rana en una caverna cerca de las cataratas de este río, en el sur de Egipto. Cada año, salía de ella para provocar el aumento de su cauce, tan importante para la agricultura del país. Por ello, su principal área de culto fue Gebel el-Silsila, cerca de Aswan. En la religión egipcia se le suele representar como un hombre desnudo y barbudo, pero con pechos caídos de mujer. Su piel puede ser verde o azul, en referencia al cauce del río. Puede sostener sobre su cabeza una planta de loto (pues su flor emerge, precisamente, del fondo del agua), una planta de papiro, una rama de palmera o unas cabezas de oca.
  • Hathor: diosa protectora del amor, la belleza y el placer. Su principal ciudad de culto era Dendera. Emparejada como consorte o como madre de Horus y Ra. Y dado que estos estaban muy vinculados a la realeza, los faraones la consideraban su madre simbólica en la Tierra. Las dos formas más habituales de ser representada son la vaca (por su significado maternal) y mujer con tocado de cuernos de vaca, con un sol sobre la cabeza y su característico collar de cuentas o menat
  • Heket: una de las diferentes divinidades relacionadas con la fertilidad. En este caso, es una diosa que protegía los partos, ayudando como comadrona en ellos. Colocando el anj sobre la nariz del recién nacido, le provocaba la respiración. Su asistencia en los nacimientos se extendía más allá de los hombres, pues también propiciaba el del sol cada mañana. Ya mencionada en las pirámides desde las primeras dinastías, en el Imperio Antiguo y adorada en Hermópolis Magna, pues forma parte de su cosmogonía como diosa participante en la creación del mundo. Pero su mayor presencia se da en los mammisi. El animal más asociado a ella es la rana, siendo representada al completo como este anfibio o como mujer con su cabeza
  • Horus (Hor entre los egipcios): hijo de la diosa Isis y del dios Osiris (tras su resurrección), se le solía representar como un halcón o como un hombre con cabeza de halcón. Con él se identificaban todos los reyes durante su vida terrenal, aunque tras la muerte lo hacían con Osiris. Ya era conocido en el periodo predinástico, por lo que está en los orígenes de la religión egipcia.
    • Ra-Horajti: asociación entre el dios del sol Ra y Horus durante el Imperio Nuevo
  • Imhotep: dios atípico pues su elevación a rango de dios fue muy tardía, en época ptolemaica. En realidad, fue un erudito egipcio que vivió en la época del Imperio Antiguo y, por su sabiduría, llegó a ser venerado en los templos. Era médico, astrónomo y, sobre todo, ingeniero y arquitecto, probablemente el primero de la historia de la humanidad. Su obra más famosa, la pirámide escalonada de Saqqara. Una vez divinizado, se le consideró dios de la medicina y de la sabiduría, patrón de los escribas e identificado con Nefertum y Tot. Se le solía representar sentado, como un escriba, con un papiro sobre las rodillas.
  • Isis: diosa de la magia y una de las más importantes de la religión egipcia, formaba parte del grupo de dioses que protagonizaron la cosmogonía de Heliópolis. Solía ser representada como una mujer sobre cuya cabeza se apoyaba un trono, sujetando un bastón de papiro en una mano y sosteniendo un anj en la otra. Desde el Imperio Nuevo se la empezó a asociar con Hathor, adoptando a menudo sus atributos (tocado con sol y cuernos de vaca). Célebre por el mito de Osiris, según el cual recompuso el cuerpo asesinado y descuartizado de ese dios, formando así la primera momia, para después concebir a Horus. Dado que los faraones se identificaban con Horus, consideraban a Isis su madre divina. Se le atribuye la capacidad de influir en el destino y proteger el reino. Su centro de culto principal estuvo en la isla de Filé, uno de los últimos reductos de la religión egipcia. De hecho, su culto se multiplicó en los compases finales de esta civilización, pues no se construyeron templos de importancia en honor a esta diosa hasta la XXX dinastía (siglo IV a.C). 
  • Jnum: dios creador según la trilogía de Elefantina, su veneración se centraba en la antigua Nubia. Solía estar representado con cabeza de carnero, portando a menudo el anj, el cetro uas y la corona Atef. Muy relacionado con el Nilo, pues con su lodo modelaba a los seres humanos, dándoles forma en su torno. Cansado de esta labor, puso en el vientre de cada mujer una parte de dicho torno, explicando así el milagro de  la vida y situándole también como un dios de la fertilidad.
  • Jonsu: junto con Amón-Ra y Mut, formaba parte de la tríada tebana. Era un dios lunar y por ello solía mostrar un disco de este satélite sobre la cabeza. Protector de médicos y enfermos, tenía poderes curativos y ahuyentaba los espíritus del mal. También se le asociaba a la fertilidad de la tierra, por ello a menudo mostraba piel verde. Su cuerpo solía tener forma de momia y podía portar numerosos elementos simbólicos: cetro uas, pilar Dyed, cayado, heqa o nejej. Otras versiones lo muestran como hombre con cabeza de halcón.
  • Maat: en realidad Maat era el concepto usado en la religión egipcia para referirse a la armonía cósmica y universal, así como a la verdad y la justicia. Pero a veces adoptaba la representación de diosa de pie o sentada, tocada con plumas de avestruz, que era el elemento que se utilizaba para pesar los corazones de los difuntos en el Juicio de Osiris y de esa manera calibrar sus pecados. También podía portar un anj y un cetro uas.
  • Min: dios lunar, de la vegetación y de la fertilidad, protector de mineros y comerciantes. Por ello, se le suele representar con piel negra o verde, con el falo erecto. Sobre su cabeza, una corona de plumas, sosteniendo un mayal (nejej). Su culto estuvo muy extendido, tanto territorial como temporalmente (desde la época predinástica hasta la romana)
  • Montu: una de las deidades de culto más antiguo en la religión egipcia, al inicio como dios solar y más tarde como dios de la guerra, por lo que a su protección se encomendaban los faraones. Se le representaba como hombre con cabeza de halcón y a veces con cabeza de toro. Solía ir coronado con plumas, disco solar y ureo. La principal ciudad en la que se le veneraba era Hermontis, pero también aparece en otras como Tebas, Tod y lugares de Nubia
    • Montu-Ra: Montu fue asimilado con el dios Ra, representando concretamente el poder destructivo de los rayos solares
  • Mut: esposa de Amón según las creencias religiosas difundidas en Tebas a partir del Imperio Nuevo, momento en el que desplazó a Amonet en este rol. Considerada una diosa madre y del cielo, los griegos la asimilaron a Hera. Por esta naturaleza de diosa madre solía representarse como mujer con Corona Doble o Sejemty. Y en su calidad de diosa del cielo podía mostrar atributos de buitre. 
  • Nefertum: dios muy asociado a la teología de Menfis, era considerado hijo de Ptah y Sejmet, formando una tríada. Simbolizaba el nacimiento del sol y, de hecho, era la representación de Atum niño. Solía tener apariencia de hombre con una flor de loto sobre la cabeza, una flor que según la mitología menfita emergió de las aguas primordiales del Nun y, en su interior, se hallaba esta divinidad. Otros atributos que solía portar era el anj, el cetro uas y dos altas plumas sobre la cabeza, que ocasiones era de león. Entre sus funciones estaba vigilar la frontera del Este, por donde salía el sol. También se le rendía culto en otras ciudades como Buto o Hermópolis Magna
  • Nejbet: diosa muy difundida en el Alto Egipto desde el periodo predinástico. Protectora de los nacimientos. Era representada con apariencia de buitre blanco, principalmente. También era protectora en la guerra y, por consiguiente, de los faraones, sobre quienes extendía sus grandes alas. A veces sujetaba flechas o mostraba rasgos de vaca. Entre las principales ciudades donde se la veneraba estaban Nejab, Edfu o Hieracómpolis (Kom el-Ahmar)
  • Neftis: hermana de Osiris y, por tanto, una de las protagonistas de la Enéada de la cosmogonía de Heliópolis. Aparece junto a esta como protectora de las momias y suele mostrar apariencia de mujer al completo y sobre su cabeza, un jeroglífico que expresa su nombre
  • Neit (o Neith): diosa funeraria y protectora de la guerra y la caza, muy venerada en el Bajo Egipto. Es una de las divinidades más antiguas de la religión egipcia y su aparición se remonta al periodo predinástico, aunque en el Imperio Nuevo evoluciona hacia un concepto de ‘madre divina’ creadora de dioses y hombres. En ocasiones aparece tocada con la Corona Roja, arco y flechas, o el cetro uas y el anj. También fue representada, al completo o sólo su cabeza, con apariencia de vaca, pez, leona, abeja o escarabajo. Algunos lugares muy relacionados con su culto son Sais, Tanis o El Fayum
  • Nut: una de las diosas creadoras según la cosmogonía de Heliópolis, simbolizaba el cielo, por lo que se la solía representar con el cuerpo alargado y arqueado envolviendo la escena, haciendo las veces de bóveda celeste. Sus extremidades son, por tanto, los pilares sobre los que se asienta el cielo
  • Osiris: dios de la fertilidad y la agricultura, asociado a las crecidas del Nilo, es uno de los más importante de la religión egipcia, en especial en el Alto Egipto, siendo uno de los primeros en ser venerado y, también, uno de los últimos (su culto se mantuvo en el templo de Filé hasta el siglo VI d.C). Además, forma parte de la cosmogonía de Heliópolis. Fue también un rey mítico, por ello se le representa a menudo con un trono, como a su hermana Isis. Fue asesinado y descuartizado a instancias de su hermano Seth. Pero Isis lo recompuso mágicamente, formando la primera momia, para concebir después a Horus. Por ello, es considerado salvador de la muerte y señor del Averno. Su centro de culto estaba en Abidos y, de hecho, era lugar de peregrinación para los creyentes que querían lograr la eternidad. Se le representa casi siempre momificado y con piel verde, para expresar su relación con la vegetación. Sobre su cabeza solía llevar la corona del Alto Egipto
  • Ptah: el dios creador según la cosmogonía de Menfis, donde se encontraba su principal ciudad de culto. Además, era patrón de los artesanos y de los obreros, pues se le consideraba ‘maestro constructor’ del mundo. Entre sus principales atributos, su barba recta (y no curva, a diferencia del resto de dioses), la cabeza rapada, el Pilar Dyed como símbolo de estabilidad, el cetro uas y el anj.
  • Ra: es otro de los dioses fundamentales de la religión egipcia. Es el dios del sol y el creador de la vida, siendo además el responsable de que se cumpla el ciclo de la vida y la muerte, simbolizado en sus viajes diurno y nocturno. Se le suele representar como un hombre con cabeza de halcón y, sobre ella, un disco solar. Su principal ciudad de culto era Heliópolis, que era como llamaban los griegos a la ciudad de Iunu, quienes le cambiaron el nombre para expresar el significado de ‘ciudad del sol’ en su honor. Según el momento del día, a menudo se le representaba en tres modalidades diferentes: 
      • Khepri (o Jepri): representaba el amanecer. Adoptaba la forma de escarabajo o de hombre con cabeza de escarabajo. En su honor no se erigían templos, pero sí se realizaban grandes esculturas de piedra dentro de otros complejos, como en el templo de Karnak
      • Horajti: la manifestación del sol en su cénit. Al tratarse de su cúlmen, se le representaba con sus atributos más característicos, como la cabeza de halcón (a veces de carnero o de felino) y el disco solar. Mostraba piel de color rojo, de pie o sentado
      • Atum: manifestación del anochecer, estando ligado a las sombras, aunque a menudo en la religión egipcia se le concibió también como un dios solar en sí mismo
    • Ra-Horajti: véase Horus
    • Montu-Ra: véase Montu
    • Amón-Ra: véase Amón
    • Atum-Ra: véase Atum
  • Satis (o Satet): hija de Jnum y Anuket en la tríada de Elefantina, por lo que su culto también estuvo muy difundido en la antigua Nubia. Es la diosa de las inundaciones del Nilo y, por tanto, relacionada con la fecundidad. Es representada a menudo con la Corona Blanca Hedyet, portando un anj y con arcos y flechas. Asociada con la gacela o el antílope, por lo que a menudo porta rasgos de estos
  • Sejmet: diosa cuyo nombre significaba ‘la poderosa’ o ‘la terrible’. Simbolizaba diversas ideas como la guerra, la venganza o la curación. Su principal lugar de culto era Menfis. Su mítica y temible fuerza se dirigía contra los enemigos del reino. Solía tener apariencia de mujer con cabeza de leona (pero con melena) y podía mostrar diferentes atributos de poder, como el ureo o el disco solar. A menudo llevaba vestimenta de color rojo, como referencia a la sangre de la batalla
  • Seshat: diosa de los libros, formaba parte de la tríada de Esna, donde fue venerada, así como en Hermópolis Magna. Aquí también recibe la función protectora de los arquitectos y otra función medidora más amplia: el tiempo para crear el calendario o los terrenos para construir. Su iconografía es peculiar, pues se la representa a menudo con cuerpo de mujer, vestida con piel de leopardo y tocado de estrella, pues se encargaba de vigilarlas para realizar los diferentes cálculos temporales. También suele sostener una paleta de escriba y un cálamo (caña de escribir). En ocasiones era identificada con Isis.
  • Set (o Seth): dios del inframundo (Duat) que representa ideas negativas o muy temidas por los creyentes, como los tumultos, las tormentas del desierto o la sequía. Sin embargo, no cabe atribuir todo ello a la maldad, sino más bien a su carácter impetuoso y a su fuerza bruta. De hecho, es uno de los dioses que participaron en los orígenes del Universo, según la cosmogonía heliopolitana y es hermano de Osiris. Fue responsable de la muerte de éste, movido por sentimientos de envidia: su padre Geb repartió el terreno egipcio de manera desigual, entregando la tierra fértil a Osiris y el desierto a Seth, donde acabó exiliado. En cualquier caso, tuvo funciones importantes dentro de la mitología egipcia, como custodiar la barca del dios solar Ra y la protección en materia bélica de los faraones de algunas dinastías (II, XV y XIX). Por todo ello, es respetado y temido a partes iguales en la religión egipcia. Se le puede reconocer con apariencia animalesca, cercana a la monstruosidad, con atributos de animales como el cerdo, el cocodrilo, el asno, el hipopótamo, el pez o la serpiente, en una peculiar mezcla que denota el carácter extraño que le atribuyeron los egipcios desde los momentos más tempranos de esta civilización
  • Shu: dios protagonista de la cosmogonía heliopolitana por ser hijo del dios creador Atum. Representaba el Aire o la Atmósfera y su gran misión era mantener separados al Cielo (diosa Nut) y a la Tierra (dios Geb) para evitar el caos absoluto. Se le suele asociar a la energía vital que mueve al universo y a los seres vivos. Tuvo gran veneración durante la época ramésida (Imperio Nuevo). Se le suele representar como hombre con tocado de pluma o plumas de avestruz, sosteniendo el anj y el cetro uas. Además de Heliópolis, su culto estaba muy extendido en Menfis, Dendera y Edfu
  • Sokar: divinidad funeraria que guardaba la entrada al inframundo o Duat. Dios de la oscuridad y protector de los muertos en la religión egipcia. Era venerado ya desde la primera dinastía y está presente en la necrópolis de Saqqara (Menfis), entre otras. Por todo ello, la iconografía lo muestra a menudo como una momia con cabeza de halcón y tocado de plumas. También puede llevar el cetro uas, el anj o una Corona Atef, a veces sentado en un trono
  • Taueret (o Tueris): diosa de la fertilidad, protectora de las embarazadas. Su apariencia era muy llamativa: criatura encinta con piel oscura y cabeza de hipopótamo, cola de dragón, pechos voluminosos y patas de felino. En ocasiones portaba cuernos y disco solar. Su culto se puede ver en templos como el de Karnak en Tebas y en Heliópolis, así como en otros otros lugares del Alto Egipto, como en Abu Simbel.
  • Tefnut: hermana de Shu y, por tanto, hermana del dios creador heliopolitano Atum. Es la diosa de la humedad y simboliza fenómenos como el rocío y otros procesos naturales. Algunos de los lugares donde se la veneraba era Dendera y Leontópolis. En cuanto a su iconografía, solía mostrarse como una mujer con cabeza de leona y melena, anj, ureos y cetro uas.
  • Tot (o Toth): es el dios creador según la cosmogonía de Hermópolis, y se le considera la divinidad de la sabiduría y la escritura, por lo que es patrón de escribas y protector de las ciencias y las artes. Además de recibir culto en Hermópolis, se le veneraba en otros lugares muy dispersos, como Sarabit al-Khadim, en la Península del Sinaí. Dios lunar, medidor del tiempo, creador de los días según la religión egipcia. Se le solía representar con cuerpo de hombre y cabeza de ibis (ave de cuello largo y pico curvado)
  • Uadyet (o Wadjet): diosa relacionada con la fuerza de determinados fenómenos naturales, como el calor ardiente del sol y el crecimiento de las plantas. Su elemento iconográfico principal era la cobra, conocida como ureo, aunque a veces también aparecía como leona con disco solar. Era hija de Anubis y protectora del Bajo Egipto, siendo venerada en lugares como Tanis y Buto. También protegía a los faraones y de hecho el ureo era uno de los símbolos más usados por éstos, presente en la Corona Roja del Bajo Egipto y en máscaras funerarias

Además de todos los dioses enumerados, en la religión egipcia había otros personajes sobrenaturales que formaban parte de los mitos, y eran importantes para darles sentido. Por ejemplo, Ammut, que se encargaba de devorar el corazón de los fallecidos que no habían sido puros en su vida, siendo representado en un cuerpo que combinaba el león, el cocodrilo y el hipopótamo. 

Una mención especial merecen también las esfinges, seres mitológicos indisolublemente ligados a la religión egipcia (aunque también hay otras versiones en culturas antiguas). En este caso, se trataba de criaturas formadas por un cuerpo de león recostado con cabeza humana, a menudo identificada con la del faraón. Pero dentro del arquetipo de esfinges hay variaciones, pues a partir del Imperio Medio, también la melena y las orejas eran propias de león, dejando sólo el rostro de faraón. En cualquier caso, su función mágica era la protección de templos o lugares sagrados, siendo una de las más famosas la Gran Esfinge de Giza, junto a las famosas Pirámides, que podría representar al faraón Kefrén.

Otros símbolos importantes en la religión egipcia

Como hemos visto, hay algunos símbolos muy presentes en la religión egipcia en los que conviene detenerse, pues los verás muy a menudo en los templos o en los Libros de los Muertos que se exponen en los museos y que explicamos más abajo. 

  • Ojos: son entes que representan una extensión de un dios concreto, con poderes mágicos para, por ejemplo, la sanación o la protección. Podían aparecer acompañados de símbolos asociados a ese dios o al poder real. Los dos más famosos eran el Ojo de Ra y el Ojo de Horus, estos últimos usados a menudo en forma de amuletos
  • Anj: se trata de un jeroglífico que, por su forma, también recibe el nombre de cruz egipcia. Significa ‘vida’ y por ello también se la denomina a veces la ‘llave de la vida’. Cuando la sostiene un dios suele indicar que tiene competencias sobre la vida o la muerte. Y si acompaña a un humano, suele indicar la búsqueda de la inmortalidad. Esta búsqueda era, al inicio, algo a lo que sólo los faraones podían aspirar, mientras que en el Imperio Nuevo ya se extendió al resto de los mortales, como evidencian los Libros de los Muertos. Una curiosidad es que, por su evidente parecido con la cruz cristiana, los primeros coptos la utilizaron como símbolo propio
  • Ureo: es la representación de una cobra erguida y es una invocación a la diosa Uadyet, protectora de los faraones según la religión egipcia. Por tanto, es muy habitual verla en las máscaras funerarias de los faraones, como la famosa de Tutankamon. A veces, el ureo portaba a su vez las coronas del Alto Egipto (roja) y del Bajo Egipto (blanca)
  • Cetro uas: es una vara de mando que simboliza fuerza y poder, con un diseño en el que su extremo superior mostraba la cabeza de un animal fabuloso. Por ello, lo solían llevar dioses relevantes como Ptah y Osiris. También aparece asociado a algunos faraones, como Ramsés II o Tutankamon. Y de hecho, la ciudad de Tebas (nombre dado por los griegos por motivos que se desconocen) era llamada por los egipcios Uaset, que vendría a significar ‘ciudad de los cetros’, por ser esta capital a partir del Imperio Medio. Su origen es incierto, aunque podría provenir de los bastones de mando que usaban los pastores para conducir el ganado
  • Cayado (o heqa): tiene un significado y origen parecido al cetro uas, aunque puede ser más corto y tenía el extremo superior en forma de mango curvo, sin animal fantástico
  • Pilar Dyed: es un símbolo que representa estabilidad y se usaba ya desde el Periodo Arcaico, manteniéndose posteriormente en el Imperio Antiguo hasta el final mismo de la civilización egipcia. Se trata de una columna con gavillas (conjunto de ramas y cañas atadas entre sí), que quizá pudo representar el tronco de un árbol o incluso la columna vertebral del dios Osiris, uno de los pilares de la religión egipcia
  • Menat: collar portado en el pecho hecho con materiales duros o blandos como cerámica vidriada o cuero. Se componía de numerosas cuentas ligadas a un contrapeso sobre la espalda, que en ocasiones se podía sostener en la mano a modo de amuleto. Era un símbolo muy vinculado a la diosa Hathor y sus sacerdotisas lo podían usar como sonajero
  • Nejej: lo que en el mundo de la agricultura se conoce como mayal, se trata de una herramienta compuesta por dos bastones unidos por correas, que se utilizaba para la trilla de cereales y, por tanto, un símbolo de prosperidad agrícola
  • Coronas: no todas las coronas del Antiguo Egipto tenían un estricto sentido religioso, pero podrás verlas a menudo en numerosas representaciones ligadas a los faraones y a los dioses, o a ambos. Por ello, enumeramos aquí las principales:
    • Corona Blanca o Hedyet: símbolo del Alto Egipto, es de color blanco, forma tronco-cónica y extremo superior redondeado
    • Corona Atef: es una versión más compleja de la anterior, con plumas de avestruz a ambos lados. Es la que suele llevar la diosa Nejbet, muy venerada en el Alto Egipto
    • Corona Roja o Desheret: símbolo del Bajo Egipto, de color rojo, acabado más estrecho que la Hedyet y saliente con acabado rizado, quizá como evocación de la abeja, muy representativa de esta región. La portaban diferentes divinidades, en especial Uadyet, protectora del Bajo Egipto
    • Corona Doble o Sejemty: se trata de la unión de las coronas Hedyet y Desheret, simbolizando la unión del Alto Egipto y el Bajo Egipto, por lo que la solían portar los faraones
    • Corona Shuty: otra corona que simboliza la unión de ambas regiones y sus correspondientes divinidades protectoras (Uadyet y Nejbet). Está formada por dos grandes plumas de halcón, dispuestas simétricamente. A veces se le añaden cuernos y disco solar
Objeto de poder cetro Egipcio

El templo y los sacerdotes en la religión egipcia

Un elemento común a toda la religión egipcia es el templo: era el eje de la sociedad, el epicentro de todos los asentamientos, desde las grandes ciudades hasta los pequeños poblamientos. De hecho, no sólo tenía fines religiosos, sino también administrativos, médicos y educativos. Una función social que, en definitiva, también reciben o recibieron otros lugares sagrados en religiones posteriores, como las catedrales cristianas o las mezquitas musulmanas.

Sin embargo, hay una diferencia radical entre los templos egipcios y los de otras religiones como las mencionadas: en su interior no se congregaban los fieles, sino que se trataba de un espacio al que sólo podían acceder los faraones o los sacerdotes, como sustitutos de éstos en la intermediación con los dioses. Los fieles, por su parte, debían conformarse con acceder a las salas hipóstilas o a los peristilos a cielo abierto. Para una explicación más técnica y artística sobre los templos de la religión egipcia, puedes visitar la página dedicada a la arquitectura en el Antiguo Egipto.

Por ello, los miembros del clero ocupaban una posición muy importante dentro de la civilización egipcia. Su labor era, entre otras muchas cosas, honrar diariamente a la divinidad que ejercía de patrono en dicho templo, con ofrendas a la imagen de este, que se emplazaba en el santuario interior. Normalmente era una estatua que, según la creencia de la religión egipcia, albergaba el ba o alma de dicho dios.

Estos sacerdotes formaban parte de un cuerpo muy jerarquizado, con asistentes para completar todas las tareas y en el que había espacio para las mujeres. Además, los cargos se heredaban de padres a hijos, manteniendo un gran hermetismo en sus prácticas y saberes. Algunos de estos sacerdotes estaban especializados en diferentes funciones, como los encargados de los ritos funerarios o la observación de las estrellas para la toma de determinadas decisiones.

Relacionado con ello están los oráculos, que tuvieron mucha presencia en la religión egipcia, especialmente a partir del Imperio Nuevo. Y eran también los sacerdotes quienes se encargaban de preguntar a la divinidad sobre cuestiones de todo tipo: desde temas de gobierno a dudas más cotidianas. E interpretaban como respuesta señales tan diferentes como los movimientos de una barca, por ejemplo. Estas intercesiones se solían realizar en el templo, pero también había recintos sagrados dedicados más específicamente a esta labor. El más famoso, sin duda, es el Oráculo de Amón en Siwa, que llegó a ser consultado incluso por Alejandro Magno.

Algunas de estas consultas se realizaban en grandes rituales y festividades oficiales, aunque estos eventos podían tener otros muchos objetivos, como la celebración del ascenso al trono de un nuevo faraón. Algunos de estos festejos eran realmente multitudinarios, como el de Opet, que tenía lugar en el templo de Karnak, mediante el cual se sacaba en procesión sobre una barca a los dioses Amón-Ra, Mut y Jonsu (la tríada tebana). En cambio, los rituales cotidianos y matutinos se realizaban de manera mucho más recogida y sólo por los sacerdotes y asistentes.

Templos en Egipto

La vida después de la muerte

La religión egipcia no sólo se limitó a formular el ‘antes’ y el ‘durante’, sino también el ‘después’ de la vida terrenal. De hecho, la muerte era considerada una fase natural del ciclo existencial, una transición entre la terrenal y la del más allá. Según esta creencia, con la muerte se producía la separación entre el cuerpo y los componentes inmateriales de la personalidad (ba o alma y ka o energía vital). 

Y aunque estos componentes se dispersaban por el cosmos, podían llegar a regenerarse eternamente manteniendo su integridad, siempre y cuando se cumpliera un requisito indispensable: que la parte corruptible de ese ente (es decir, el cuerpo del difunto) permaneciera intacta. 

Por tanto, ese es el sentido de la momificación de los cuerpos, otra de las características más peculiares de la religión egipcia. Un elemento que algunos expertos llaman ‘cortina mágica’ para acceder a la vida eterna, que tendría su extensión en el sarcófago mismo. No obstante, el ritual incluía otros muchos aspectos, como una cuidadosa preparación del cuerpo del difunto mediante la desecación, la extracción de las vísceras y el embalsamado, entre otras tareas.

En las tumbas de los difuntos, además, se depositaban objetos muy variados a modo de ajuar funerario. En algunos casos porque se tenía la certeza de que el fallecido los iba a necesitar en el más allá. Y en otros casos porque se quería que funcionaran como amuletos protectores. Cuanto mayor era el rango del difunto, mayor riqueza presentaba su ajuar.

Momias Egipcias

El Libro de los Muertos y el Juicio de Osiris

Una de las manifestaciones religiosas, literarias y artísticas más fascinantes del Antiguo Egipto es El Libro de los Muertos. Se trataba de un texto sobre papiro ricamente decorado con imágenes que tenía como misión la de ayudar a los difuntos a alcanzar la vida eterna, que se disfrutaba en los campos de Aaru (versión del Paraíso en la religión egipcia).

Su origen está en los textos escritos sobre las paredes de las pirámides y en los sarcófagos, ya desde el Imperio Antiguo, en el tercer milenio a.C. Se componen de sortilegios que guían al difunto, le avisan y protegen de fuerzas oscuras, le presentan ante los dioses y otras muchas misiones. Para una explicación más detallada sobre su estructura y estilo, puedes visitar la página dedicada a la escritura egipcia.

El Libro de los Muertos está estrechamente relacionado, por tanto, con el Juicio de Osiris, uno de los mitos más importantes de la religión egipcia. En él se dictaminaba quién alcanzaba la vida eterna y quién debía afrontar su ‘segunda’ y definitiva muerte (la de ser devorado por Ammyt). 

Y se hacía mediante el pesaje directo en una balanza. En un platillo se emplazaba una pluma de Maat (diosa de la Verdad y la Justicia) y en el otro, el corazón del difunto, que había sido extraído por el dios Anubis. En ese momento, un jurado de dioses formulaba preguntas al difunto sobre su conducta terrenal y, en función de sus respuestas, el corazón se agrandaba o se encogía, aumentando o disminuyendo de peso. Y sólo si a la conclusión del interrogatorio el corazón resultaba más ligero que la pluma de Maat, sus componentes inmateriales (ka y ba) podían unirse con la momia y acceder a los campos de Aaru.

Libro Egipcio de los muertos