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La escritura egipcia: jeroglíficos, hierático y demótico. Todo lo que debes saber

La escritura egipcia representa una de las grandes aportaciones de esta civilización a la humanidad. Y también una extraordinaria forma de expresión donde se combinaba lo mágico, lo artístico y lo práctico. La más famosa de todas es la que empleaba jeroglíficos, pero este no fue el único sistema empleado en el Antiguo Egipto: también se usó la escritura hierática y la demótica. En esta página te contamos todo lo que debes saber sobre ello, poniendo especial énfasis en la escritura egipcia jeroglífica, que mostrará toda su belleza y misterio a tus ojos en muchos de los monumentos que visitarás durante tu viaje. Por ello, toma buena nota de lo que aquí te explicamos para poder apreciarla mejor cuando llegue ese momento.

La escritura egipcia: de la ‘cuna’ a nuestros días

La importancia de la escritura egipcia es absoluta. Y no sólo a nivel local, donde representó una útil herramienta para su administración y una mágica forma de expresión para su religión. Su relevancia es enorme en la Historia de la Humanidad en general, puesto que fue una de las primeras escrituras en desarrollarse, y eso le ha valido al Antiguo Egipto el honor de ser considerado una de las cunas de la civilización.

Con este término de ‘cuna de la civilización’ se designa a aquellas sociedades que dejaron atrás la Prehistoria gracias, entre otras cosas, al uso de un sistema escrito para documentar diferentes aspectos de su cultura y su economía: la religión, las transacciones comerciales, las normas jurídicas, etc. 

Los historiadores coinciden en señalar seis, surgidas desde finales del IV milenio a.C y prinicpios del III milenio a.C: la de Mesoamérica (antiguo México y Centroamérica), el Norte Chico (Perú actual), la del Valle del Indo en el subcontinente indio, la china en el Río Amarillo y, sobre todo, la del Creciente Fértil: Mesopotamia y el Antiguo Egipto. Todas ellas tuvieron un desarrollo prácticamente independiente entre sí.

Aunque se suele determinar a Mesopotamia como la civilización que comenzó a usar la escritura de manera sistemática, en el Antiguo Egipto se adoptó un sistema propio, con grafía absolutamente diferente: los jeroglíficos que evolucionaron desde meros trazos adornados hasta un complejo sistema de dibujos más o menos esquemáticos para representar sonidos e ideas. En total, más de 6.000 caracteres conforman este tipo de escritura egipcia, según algunas estimaciones.

Se utilizaron ininterrumpidamente durante más de 3.500 años, aunque desde mediados del III milenio comenzó a convivir con la escritura hierática, más sencilla y, por tanto, más rápida de realizar. Y desde el siglo VII a.C lo hizo con la escritura demótica (que representaba un idioma diferente), aún más simple para utilizarse en cuestiones económicas y literarias. Por tanto, en los últimos coletazos de esta civilización, el uso de los jeroglíficos era muy reducido y su conocimiento, escasísimo, quedando prácticamente reducidos a las inscripciones sobre pared en templos religiosos.

El punto y final de la escritura egipcia jeroglífica llegó a finales del siglo IV d.C, cuando se realizaron las últimas grabaciones sobre las paredes del templo de Filé, en el Alto Egipto. La oficialización del Cristianismo en el Imperio romano provocó el cierre de los templos religiosos del Antiguo Egipto y, con ello, el apagón definitivo de aquella cultura. 

Sin embargo, la Egiptología volvió a sacar a la luz la escritura egipcia y, en especial, los jeroglíficos. Y tras diferentes logros en el estudio de la escritura jeroglífica durante las primeras décadas del siglo XIX, en 1822 el historiador francés Jean-François Champollion consiguió el gran anhelo de esa incipiente disciplina: descifrar el significado de los jeroglíficos egipcios gracias, sobre todo, al estudio de la Piedra de Rosetta.

Características principales de los jeroglíficos egipcios

Aunque a menudo se hable de forma genérica de ‘escritura egipcia’, lo cierto es que los jeroglíficos tienen características muy diferentes de la escritura hierática y de la demótica. Por ello, repasamos brevemente sus rasgos principales.

Escritura con sistema mixto

Uno de los factores que hicieron tan difícil el desciframiento reciente de los jeroglíficos fue el hecho de basarse en un sistema mixto. Es decir, un determinado signo puede representar una de estas cosas:

  • Un sonido a pronunciar (fonograma). Por ejemplo, el signo del búho representa la ‘m’ española
  • Un conjunto de sonidos consonánticos. Por ejemplo, una estrella expresa ‘sb’
  • Una idea (ideogramas). Por ejemplo, un círculo con un punto en su centro indica la idea ‘día’ o ‘sol’

Escritura con sistema mixto

Uno de los factores que hicieron tan difícil el desciframiento reciente de los jeroglíficos fue el hecho de basarse en un sistema mixto. Es decir, un determinado signo puede representar una de estas cosas:

  • Un sonido a pronunciar (fonograma). Por ejemplo, el signo del búho representa la ‘m’ española
  • Un conjunto de sonidos consonánticos. Por ejemplo, una estrella expresa ‘sb’
  • Una idea (ideogramas). Por ejemplo, un círculo con un punto en su centro indica la idea ‘día’ o ‘sol’

Ausencia de vocales

Otro de los factores que hacen más complicada esta escritura egipcia es la escasa representación de vocales. Aunque existen signos jeroglíficos para ellas, rara vez se usan, lo que a priori puede convertir a las palabras en impronunciables. Sin embargo, una convención habitual es añadir ‘a’ o ‘e’ en su lectura, aunque en ocasiones las pronunciación de vocales débiles puede acercarse a la de las vocales.

Múltiples orientaciones en la lectura

En las lenguas occidentales modernas, el sentido de la lectura es siempre de izquierda a derecha. Y en lenguas semíticas, como el árabe o el hebreo, es de derecha a izquierda. Sin embargo, los jeroglíficos pueden escribirse y, por tanto, leerse en diferentes sentidos. Su orientación puede ser horizontal (de izquierda a derecha o de derecha a izquierda), pero también vertical (de arriba abajo) e incluso en bustrófedon (un renglón de izquierda a derecha y el siguiente al revés, como se desplaza una serpiente o un buey arando).

Nombres y títulos, en cartuchos

Observando un texto en escritura egipcia jeroglífica observarás que algunos grupos de signos aparecen rodeados. Son los cartuchos y agrupan los signos que conforman un nombre propio o un título, especialmente el de los faraones. Este recurso tiene dos fines. Por un lado, delimitar claramente el nombre, para evitar confusiones sobre el inicio o el final del mismo. Esto era algo muy importante porque, como veremos más abajo, se creía que un error en la lectura del nombre o en su pronunciación podría dañar a la persona referida. Y por otro lado, tenía como objetivo proteger a dicha persona, pues lo que realmente agrupaba dichos signos era una cuerda anudada en un extremo, propiciando una especie de aislamiento simbólico.

Gran relajación con los ‘errores’ de ortografía

Salvo en lo relativo a los nombres personales, donde se ponía el máximo cuidado para una correcta lectura, los jeroglíficos eran lectura bastante abierta, como ya indicábamos a la hora de hablar de la ausencia de vocales. Pero tampoco adoptaban unas normas ortográficas muy estrictas a la hora de escribir. Por ejemplo, no era infrecuente omitir signos, repetirlos o intercambiarlos. Y en ocasiones eso se hacía a propósito, con la intención de escribir con un cierto estilo arcaizante. Por ejemplo, así ocurría cuando, en la época del Imperio Nuevo, se deseaba escribir con algunos giros propios del Imperio Antiguo.

Escritura egipcia y religión, muy ligados

Los jeroglíficos, que fueron las primeras manifestaciones de la escritura egipcia, están indisolublemente ligados a la religión del Antiguo Egipto. De hecho, se solía utilizar el apelativo de ‘palabras divinas’ para ellas y, como recoge la cosmogonía de Menfis, el uso de la palabra está en el origen mismo del Universo, un milagro obrado por el dios Ptah. 

Si bien esta escritura egipcia surgió para registrar necesidades prácticas como la contabilidad de insumos y salarios, acabó encontrando su lugar en soportes que garantizaran la eternidad de lo escrito: los bloques de piedra de los templos y los palacios, las tumbas de los difuntos o las joyas y objetos del ajuar funerario de éstos, pero también sobre papiro cuando éste material se usaba en los Libros de los Muertos.

Esto se explica porque se consideraba que al pronunciar el nombre de un difunto, se le devolvía a la vida. Por tanto, el nombre propio tenía doble importancia: por cuestiones prácticas en la vida terrenal y para la inmortalización de su ba (alma) en el más allá. Y en este último sentido, la escritura egipcia era la herramienta que evitaba que este cayera en el olvido. Además, evitaba errores a la hora de nombrar al difunto, pues también se creía que ello podría dañar a dicha persona en la vida del otro mundo.

Esto es fácil de entender con uno de los ejemplos más famosos de todo el Egipto Antiguo: el faraón Akhenaton. Este rey, durante el denominado como Periodo de Amarna, decidió emprender una revolución religiosa promoviendo el culto casi exclusivo del disco solar Atón y erigiéndose él mismo como su profeta. A su muerte, esto se consideró una auténtica herejía, por lo que su nombre fue atacado sin piedad: fue borrado de todos los templos y, según algunas hipótesis, se hizo no sólo para eliminarlo de la historia sino también para torpedear su vida en el más allá, aprovechando el carácter mágico de la escritura egipcia.

Valor artístico de los jeroglíficos

Otro factor que influyó en el mantenimiento de los jeroglíficos en la religión del Antiguo Egipto es su enorme valor artístico. Ya aparezcan grabados o pintados, sobre las paredes de templos o de recintos funerarios, en los papiros de los Libros de los Muertos o en estelas de piedra, su impacto visual no deja a nadie indiferente. Y eso contribuye a generar un estado de ánimo propicio para la veneración de los dioses. Por todo ello, muchos son los que creen que los jeroglíficos pueden considerarse el más bello sistema de escritura jamás utilizado por el hombre.

Cómo reconocer los jeroglíficos

Cuando visites los espectaculares templos del Antiguo Egipto durante tu viaje, se te presentará la mejor oportunidad de poner en práctica tus conocimientos sobre la escritura egipcia y, en particular, de los jeroglíficos. Y aunque quizás te sientas abrumado al principio por este empeño, con paciencia, buen ojo y la ayuda de nuestros guías conseguirás descifrar mucha de la información que se presentará ante ti. 

Como todo idioma, es necesario estudiarlo  a fondo para poder dominarlo. Sin embargo, puedes hacerte con alguna gramática de mano para llevar encima y consultar los signos de esta escritura egipcia cuando te encuentres frente a ellos. En este sentido, cabe citar el trabajo de Alan Henderson Gardiner, que en el siglo XX sistematizó lo que se sabía de los jeroglíficos mediante una agrupación de éstos en más de una veintena de grupos temáticos, como los relacionados con los dioses, con el hombre, con la mujer o con los edificios, entre otros. Se trata de una obra muy exhaustiva, aunque también puedes hacerte con otras de bolsillo, a menudo basadas en el trabajo de este egiptólogo británico.

Las otras dos escrituras egipcias: hierático y demótico

A la hora de hablar de ‘escritura egipcia’, no sólo se hace referencia a los jeroglíficos, que son más famosos y evocadores por su belleza y atribuciones mágicas. En este concepto también se engloban la escritura hierática y la escritura demótica, que a continuación repasamos para entender sus diferencias.

Escritura hierática

Como es fácil comprender, los jeroglíficos no resultaban un sistema demasiado práctico y rápido para registrar documentalmente actividades del día a día. Por ello, a mediados del III milenio a.C surgió otra escritura egipcia: la hierática. Se trataba de una simplificación para adaptarla al uso en papiros, con fines administrativos principalmente (cartas, contabilidad, textos jurídicos, etc.), aunque también se usó para motivos religiosos.

Sus signos eran más estilizados y esquemáticos, más aptos para el cálamo (caña hueca) y la tinta negra, que suponían el método principal para escribir en aquel entonces. También se empleaba para los grabados de las ostracas (piedras calcáreas o cerámicas) que servían para realizar esbozos antes de trasladar la escritura a papiro, mucho más caro. 

Otros soportes en los que se usaba esta escritura egipcia hierática eran la madera y el cuero, e incluso tablillas de barro por medio de incisiones, como en la escritura cuneiforme mesopotámica. No obstante, ni las tablillas de barro eran exclusivas de la escritura hierática ni tampoco este soporte se usaba sólo en Mesopotamia, pues cabe recordar que el hallazgo más antiguo de este tipo ocurrió en Umm el-Qaab (cerca de Abidos): unas vasijas con escritura egipcia jeroglífica usando este método, datables entre el 3.400 y el 3.200 a.C.

En cualquier caso, y volviendo a la escritura egipcia hierática, su conocimiento estaba más difundido que los jeroglíficos, considerada verdaderamente sagrada, mientras que esta tenía mucha más presencia en la vida cotidiana, aunque tampoco se enseñó de manera generalizada. 

Estas son, brevemente, algunas de las características de la escritura egipcia hierática:

  • Siempre se escribía de derecha a izquierda y, desde la dinastía XII, siempre de manera horizontal
  • Su estilo es más cursivo que el de los jeroglíficos y, de hecho, emplea ligaduras entre algunos signos, algo que aumentaba la velocidad de producción
  • En textos religiosos, literarios y científicos se podía emplear una versión más detallada

Escritura demótica

Entre la escritura hierática y la demótica sucedió algo parecido que entre la jeroglífica y la hierática. Es decir, la demótica surgió como consecuencia de la abreviación de la hierática, con la intención de hacerla aún más práctica para fines cotidianos: realización de contratos, contabilidad económica y otros asuntos del día a día. De hecho, el demótico era también un idioma en sí mismo, que suponía a su vez una simplificación de la lengua egipcia antigua.

La creación de este lenguaje y su alfabeto fue gradual y se considera que empezó a ser relevante desde mediados del siglo VII a.C. Sin embargo, la escritura egipcia demótica no sustituyó a la hierática, que se prolongó hasta la época de dominación romana. La vigencia del demótico también estuvo acotada en el tiempo, pues desde el siglo II d.C fue progresivamente desplazado por el idioma griego helenístico para fines oficiales y documentos importantes. 

El demótico, en cambio, se mantuvo con un carácter más popular y oral, como indica su nombre, dado por los griegos: demotika o ‘del pueblo’. Y conviene no confundir con el griego demótico, que tenía el mismo concepto popular pero nada que ver con el egipcio. Sí está relacionado, en cambio, con la lengua copta, a la que influyó enormemente, siendo empleada por los primeros cristianos de Egipto y aún hoy usada como lengua litúrgica.

Los escribas, una clase letrada privilegiada

Uno de los aspectos que contribuyeron a dotar de carácter mágico, mítico y misterioso a los jeroglíficos es que sólo el 1% de la población era capaz de interpretarlos. En ese 1% se incluye no sólo a la casta sacerdotal, que debía comprenderlos para la realización de sus rituales religiosos, sino también a los escribas. Tenían el privilegio de contar con esta sabiduría divina, formada por las ‘palabras de Tot’, el dios de la escritura egipcia y protector de este oficio, y por tanto eran capaces de trasladarla a los diferentes soportes, en especial a los Libros de los Muertos.

Sin embargo, los escribas manejaban la escritura egipcia también con fines más prácticos y terrenales. Por ejemplo, se encargaban de registrar las crecidas del Nilo, algo fundamental para organizar la producción agrícola del país. O de realizar inventarios en graneros con fines de aprovisionamiento alimentario. Y otras muchas acciones.

Libro de los Muertos: el cénit de la escritura egipcia

Al hablar de la escritura egipcia no podemos olvidarnos de los Libros de los Muertos, que fueron su mejor mejor exponente desde el Imperio Nuevo. Se trataba de textos funerarios y su nombre sería más apropiado traducir como ‘Libros de la salida al día’ o ‘a la luz’, puesto que en ellos se narraba el despertar de los difuntos tras la muerte para  enfrentarse al Juicio de Osiris después.

Estaban escritos en rollos de papiro y decorados con viñetas policromadas en las que se mostraban al difunto y a los dioses intervinientes en el proceso. En esa narración se empleaba la escritura egipcia jeroglífica o bien la hierática, por lo que representan documentos únicos en los que se combina magistralmente la pintura y el arte.

Por todo ello, es fácil entender que El Libro de los Muertos era un objeto de gran valor, tanto espiritual como económico. De hecho, se cree que el precio de estos escritos podía suponer el salario de todo un año. Al inicio estaban sólo reservados a la familia real, aunque posteriormente también los encargaban miembros de la élite social: sacerdotes, funcionarios y escribas, con predominio de propietarios masculinos.

Durante la mayor parte del tiempo no tuvieron estructura fija, aunque a partir de la dinastía XXVI (período Saíta) sí que adoptaron un orden más o menos común. En ese caso, se solía comenzar con capítulos dedicados a la entrada del difunto en la tumba y el descenso al inframundo. Posteriormente, se realizaba una explicación exhaustiva de los dioses y se ‘despertaba’ al fallecido para hacerle viajar en el arca solar durante el día, hasta encontrarse con Osiris de nuevo en el inframundo, a la caída de la noche. Y en los últimos capítulos, se realiza la reivindicación del muerto como candidato a acceder a la vida eterna.

Muchos de estos libros, cima de la escritura egipcia, están hoy expuestos en museos de todo el mundo, pero por suerte para el viajero que visita este país también hay algunos a la vista de los visitantes, por ejemplo en el Museo Egipcio de El Cairo. Así ocurre con el de Maiherpri, depositado originalmente en la tumba de este noble en el Valle de los Reyes de Tebas.