Curiosidades sobre los papiros del Antiguo Egipto

La antigua civilización egipcia difícilmente habría alcanzado su éxito y expansión sin uno de sus descubrimientos clave: el papiro. Este soporte vegetal impulsó la escritura y, con ello, una mejor administración en todos los niveles de la sociedad, así como otras formas de expresión religiosa claves para sus habitantes. En este post te damos algunas curiosidades sobre los papiros del Antiguo Egipto, que podrás admirar en persona si visitas algunos de los museos que exhiben ejemplares.

Qué es y cómo se hacía el papiro

El papiro es un soporte de escritura que emplea fibras de la planta homónima (Cyperus papyrus, por su nombre botánico), que se cultivaba en el fértil valle del Nilo. Se producía una urdimbre muy sofísticada, que se pulía con piedra pómez. Los ejemplares más antiguos evidencian que ya en el 2500 a.C se empleaban papiros para escribir contenidos muy variados sobre ellos.

Era la alternativa más cómoda y versátil a las tablillas de arcilla que se empleaban en Mesopotamia. Fueron anteriores a los pergaminos (hechos con piel animal) que se empleaban en el mundo grecorromano (Asia Menor) y con los que también rivalizó. De hecho, la Biblioteca egipcia de Alejandría se sustentó en el papiro, mientras que su rival, la de Pérgamo, lo hacía en el pergamino. Ya en el siglo II d.C, irrumpió el papel en China, desplazando a ambos progresivamente.

Qué se escribía sobre ellos

En un primer momento (Imperio Antiguo y Medio), el papiro se empleaba para contener textos de administración y cotidianos, para lo cual se creó una versión más simplificada de la escritura jeroglífica: el hierático. En cambio, los jeroglíficos, más elaborados y bellos, se reservaban principalmente para lugares monumentales, como sarcófagos o paredes de templos.

En cambio, durante el Imperio Nuevo (desde la Dinastía XVIII, hacia el 1500 a.C) empieza a desarrollarse una versión lujosa y exclusiva de pergaminos: los Libros de los Muertos. Estos papiros que, tras desenrollarse, podían alcanzar una longitud muy considerable, eran composiciones que combinaban escritura y dibujo con el fin de proteger y dar fuerza a los difuntos en su viaje al Más Allá. Por ello, acompañaban siempre a la momia de su propietario en su tumba, y alcanzaban unos niveles de perfección realmente notables. A ello se dedicaban escribas profesionales y especializados, que desarrollaron esta actividad hasta la Baja Época e incluso el periodo helenístico.

Grandes ejemplos de papiros en el Antiguo Egipto

Por desgracia, al tratarse de una fibra vegetal, la inmensa mayoría de papiros del Antiguo Egipto no han llegado hasta la actualidad. Sólo se conservan algunos que, por circunstancias especiales, han resistido el paso del tiempo. Dada su belleza, poder sugestivo e incluso valor documental, muchos de los papiros supervivientes recayeron en manos de coleccionistas extranjeros, de modo que se exhiben en museos fuera de Egipto.

En cambio, se conservan otros ejemplares realmente espectaculares en suelo egipcio. Buen ejemplo de ello es el Libro de los Muertos de Ahmose, descubierto en 2023 en Saqqara, restaurado y expuesto en el Museo Egipcio del Cairo. Su longitud supera los 15 metros y su extraordinario estado de conservación facilita su estudio y comprensión.

No tan bien conservado está el Wadi Al Jarf, encontrado en 2013 en un antiquísimo puerto del Antiguo Egipto en el Mar Rojo. Y ahí radica su valor: es uno de los más antiguos que se han hallado y su contenido habla de la construcción de las Pirámides de Giza. Lo custodia también el Museo Egipcio del Cairo.
En cambio, entre los papiros más famosos repartidos por todo el mundo están el Papiro de Ani (Museo Británico), que es un Libro de los Muertos de sublime belleza, los papiros médicos (diferentes museos europeos, principalmente) a modo de tratados de medicina, o en Canon Real de Turín (en el museo egipcio de dicha ciudad), clave para establecer un relato ordenado de la historia de aquella civilización.

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